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El “Espigueo” de Angés Varda (4-Fin)

Agnés Varda, conduce al espectador a conmoverse con los detalles concretos, típicos de cada quien, que abren la dimensión del recuerdo y provocan esa mezcla de placer, dolor y nostalgia. En la segunda parte de la película habla al final sobre ella, en un plano sorprendente: una silla en primer término con un corazón, una papa sobre una base en la mesa y Zgougou (su gato) paseándose. Ella hablando, recordando, reconociéndose y al fondo un cuadro de espigadores, la gran metáfora e hilo conductor de este “Los Espigadores y la Espigadora”, que también aparece en su primera parte cuando Varda acude al museo Villefranche para sacar a la intemperie que amenaza con lluvia un cuadro titulado “Los Espigadores huyendo de la Tormenta”.

Un auténtico placer, mientras el viento agita la tierra y revive el corazón de Agnés Varda, generando ese “punctum” , pinchazo, agujero que genera una imagen porque despunta, lastima, pero se goza. Agnés Varda, es subversiva en su cine y ella lo sabe: cautiva, detiene, y conduce al espectador a un acto reflexivo, para aliviar ese sentimiento de vértigo que vive el hombre moderno en el medio de las contradicciones sociales.

La reconstrucción del mundo sólo puede ser efectiva si el individuo se reconoce y afirma como Sujeto, creando un ámbito de sentido, y un cambio en las relaciones sociales. No es la búsqueda de la diferencia y subjetivación a cualquier costo, al contrario, vincula al Otro de manera inclusiva, lo reconoce como actor y reconoce su proximidad en la experiencia angustiosa y contradictoria de la vida, más allá de los preceptos estéticos o morales que nos gobiernan consciente o inconscientemente. El goce de estar vivos con todo el dolor glorioso que ello implica.

Enhorabuena Agnés Varda llegó a mi vida, a pesar de la penosa distribución de su obra en mi país, espero ver su autorretrato documental “THE BEACHES OF AGNES“, que filmó en el 2008 y fue ganador del Cesar Awards, 2009 y los Premios Étoiles d’Or, 2009.

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El “Espigueo” de Agnés Varda (3)

“La obra cinematográfica se define en dos palabras: el montaje del «veo».El campo visual es la vida; el material de construcción para el montaje es la vida; los decorados son la vida; los artistas son la vida” (Ver: Deleuze, Guilles. “La materia y el intervalo según Vertov”), y en esa medida se reafirma la noción de “cine de autor” , caracterizado por la libertad del tono en el rodaje, el montaje y en el caso de Varda, su astucia para captar lo pequeño de la realidad que la circunda.

Agnés en “Los espigadores y la espigadora” fue capturando imágenes de manera errante, creativa, emotiva y desenfadada. El resultado fue un birlibirloque, es decir, una cosa que se hace por medios ocultos o extraordinarios y en su caso, fue así. A través de las imágenes fue revelando su percepción del mundo, del mundo que ella ve, desconocido para el espectador y como bien lo dijo Vertov: “El ojo fílmico, es un ojo mecánico””. La extensión del ojo, es decir, la cámara y a través de ella, se registra una visión subjetiva de las cosas y teniendo como resultado el filme. La cámara de Varda, hace las veces de sus ojos y los personajes le hablan a ella, redescubriendo la capacidad de la mirada, tan propia del movimiento de la Nouvelle Vague. Los personajes siempre son abordados frente a frente, manteniendo la cámara a la altura de los ojos para subrayar el diálogo entre pares, en igualdad de condiciones, cada uno con sus preocupaciones, necesidades y aspiraciones. Ambos rebuscadores de la vida para encontrarse a sí mismos en mundo que se desecha a sí mismo.

El montaje, o postproducción del filme, le posibilita a Varda perfeccionar la percepción de lo real y así logra desprenderse de la linealidad del tiempo y del espacio, para evidenciar el detalle de las cosas. Varda exhibe aquí su inmensa capacidad de fotógrafa, mostrando lo mejor, aprovechando la elipsis presente entre plano y plano.

No hay planos largos, o que duren por lo menos 10 segundos, y si lo hay, se trata de un testimonio de alguno de los personajes que habla directamente a una de las cámaras. La continuidad en el tiempo y el espacio del plano secuencia, que simboliza una percepción icónica del tiempo real, es desintegrada para proporcionar una visión fragmentada del mismo a través del corte y pegue . En ningún momento se trata de un atropello a dicha continuidad, simplemente, como afirma Vertov , se favorece la visión, se perfecciona a través del objetivo de la cámara y la gramática visual construida a partir de múltiples puntos de vista; que si bien, simulan los brincos en el tiempo de un observador libre de las leyes físicas que utiliza su habilidad para mostrarnos mejor la realidad, desde sus puntos concomitantes y desde el mejor ángulo posible, en ningún momento corresponde a un trucaje o engaño para acomodar los hechos de acuerdo a una directriz.

Vertov, fue quien señaló que el documental, es ante todo la construcción de un autor en el que todas las opciones de puesta en escena forman parte de un sistema, y que más allá del contenido, era la forma lo que le daba el verdadero sentido al tema abordado. Y fue así como los personajes, lugares y situaciones se le fueron revelando a Varda, a medida que ella se inmiscuía en sus vidas e iba indagando al mismo tiempo sobre sí misma. Cualquier posibilidad de establecer un relato cronológico o lineal fue descartada. Lo mismo puede decirse de la decisión de no confeccionar un guión, contratar actores y actrices para que asuman un rol, estudios, decorados y todo aquello que utiliza el cine de ficción.

La curiosidad y emprendimiento de Varda dejan que las nuevas secuencias de su obra se vayan develando de manera natural.Para ello eligió un tema sobre el que hablo y confeso sus gustos personales, a partir de los cuales se encamino en un viaje a través de Francia en el que múltiples personas contaron sus historias y situaciones, las cuales fue ligando de manera hipertextual, convirtiéndose Agnés Varda en el nodo dónde todo confluye y que por su voluntad propia ha decidido encaminarnos en esta red vital. Estas situaciones son mostradas por Varda, pero siempre haciendo un tratamiento creativo de la realidad, utilizando una sintaxis entre imágenes, ritmo y velocidad, y demás elementos característicos de la gramática audiovisual en pro de la expresión.

Tal como lo expresó John Grierson, quién consideró que la forma y el montaje de secuencias, no incluía sólo una descripción y un ritmo, sino un comentario y ante todo un diálogo. La voz en Off de Varda y en ocasiones su presencia como un personaje más, o los planos de sus manos, de su cabello, de sus manchas y arrugas, le dan mucha expresión al documental, por esa interacción piel a piel, que hace que se conozcan más a los personajes. Su voz es el narrador omnisciente que nos aterriza suavemente sobre la representación de una representación, e invita cordialmente al espectador a manufacturar la suya.

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