Las palabras tiene en sí una fuerza que determina lo visible, la manera como puede ser percibido algo. Quizá por ello se dice que la relación entre el lenguaje y el mundo es artificial, que entre lo visible y lo decible se presenta una disyunción, y que el lenguaje es determinante y lo visible determinado.
De igual manera no puede afirmarse, que lo que se dice siempre representa un estado de cosas, un objeto visible ó que lo que es visible se signifique con el lenguaje verbal. No se puede argüir “que se habla acerca de lo que se ve o que se ve aquello de lo que se esta hablando”.
Cuando son extraídas, tanto las palabras como las cosas, cada una puede afirmarse en un estado puro adquiriendo las cosas formas de luminosidad, es decir de visibilidad y las palabras, la forma de los enunciados.
Cada una tiene una complejidad que no puede ser abstraída por la otra forma, cada una tiene un campo de significado -“Palabra ciega y visión muda”- que sólo es percibido sutilmente por los sentidos y no puede dar lugar a generalizaciones. Contienen visos, matices y diferentes composiciones, que son jerarquizados según una “personal cláusula de sentido”. No se ve lo que se dice y no se dice lo que se ve.
En esa batalla, como dice Deleuze, donde se fuerzan y capturan las cosas y las palabras, se constituye una verdad, que le da forma a un estrato determinado y a un imaginario social, a una forma de fabular, de constituir, de crear patrones de referencia y continuidad dentro de las discontinuidades del tiempo-lugar.
Las perspectivas históricas, son las que dan cuenta del carácter determinante de lo decible, puesto que la caracterización de una época, se hace mas fácil, desde lo que expresa ésta (ideas, mentalidades) y se condensa en los textos. Se cree falsamente que aquellos contienen las significaciones de lo vivido por los sujetos, olvidando que la luz que refleja lo que es visto, es irreducible a lo decible, tiene su propio sentido y no puede encerrarse dentro de las barreras de las palabras, tiene su propio lenguaje y es captado en mayor o menor intensidad por cada sujeto particular, según la constitución de su propio mundo de sentido.
Lo que se siente tiene su propia luminosidad (bio-luminosidad) más allá de las barreras de las letras