Agnés Varda, conduce al espectador a conmoverse con los detalles concretos, típicos de cada quien, que abren la dimensión del recuerdo y provocan esa mezcla de placer, dolor y nostalgia. En la segunda parte de la película habla al final sobre ella, en un plano sorprendente: una silla en primer término con un corazón, una papa sobre una base en la mesa y Zgougou (su gato) paseándose. Ella hablando, recordando, reconociéndose y al fondo un cuadro de espigadores, la gran metáfora e hilo conductor de este “Los Espigadores y la Espigadora”, que también aparece en su primera parte cuando Varda acude al museo Villefranche para sacar a la intemperie que amenaza con lluvia un cuadro titulado “Los Espigadores huyendo de la Tormenta”.
Un auténtico placer, mientras el viento agita la tierra y revive el corazón de Agnés Varda, generando ese “punctum” , pinchazo, agujero que genera una imagen porque despunta, lastima, pero se goza. Agnés Varda, es subversiva en su cine y ella lo sabe: cautiva, detiene, y conduce al espectador a un acto reflexivo, para aliviar ese sentimiento de vértigo que vive el hombre moderno en el medio de las contradicciones sociales.
La reconstrucción del mundo sólo puede ser efectiva si el individuo se reconoce y afirma como Sujeto, creando un ámbito de sentido, y un cambio en las relaciones sociales. No es la búsqueda de la diferencia y subjetivación a cualquier costo, al contrario, vincula al Otro de manera inclusiva, lo reconoce como actor y reconoce su proximidad en la experiencia angustiosa y contradictoria de la vida, más allá de los preceptos estéticos o morales que nos gobiernan consciente o inconscientemente. El goce de estar vivos con todo el dolor glorioso que ello implica.
Enhorabuena Agnés Varda llegó a mi vida, a pesar de la penosa distribución de su obra en mi país, espero ver su autorretrato documental “THE BEACHES OF AGNES“, que filmó en el 2008 y fue ganador del Cesar Awards, 2009 y los Premios Étoiles d’Or, 2009.


